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El festín de las provocaciones




Ares me ha pedido que desate un manojo de palabras sobre la exposición que hoy inaugura, con el auspicio del Registro Cubano de Bienes Culturales. Con tantos entendidos analistas del esplendor visual que hay en esta ciudad, me lo ha solicitado a mí, que solo soy un artesano de la palabra y un inveterado admirador de la belleza y la gracia.
Y no le he encontrado la punta a este ruego de Ares. ¿Quién está pidiendo por esa boca? ¿El amigo generoso, el cubano cumbanchero, o el siquiatra que pretende descubrir el rastro de mi personalidad?
Más bien creo que es el gran artista Ares, quien me convoca a un acto de complicidad; a que disfrutemos un festín de provocaciones, con una mesa bien servida de sugerencias hondas. Y lo hace con esa naturalidad de los verdaderos creadores, con la autenticidad de quien transpira esta ciudad allí en Gervasio, entre Reina y Salud, y es capaz de elevarnos hasta el cielo para después volver a la esquina promiscua de Centro Habana.
Ares propone las imágenes y nosotros jugamos con ellas como con cuentas de colores, y les endilgamos nuestras inquietudes existenciales. Ahora que tantos hablan del arte conceptual, quiero privilegiarlo en Ares. Estas figuraciones surrealistas, expresionistas y no se cuantos istas, no pueden separarse de su descomunal obra en el humorismo gráfico. Más bien son muecas, un tanto más mordaces y coloridas, del inventario que ha hecho este creador rotundo en sus caricaturas, acerca de esa caricatura en que ha derivado el hombre.
Es el mismo Ares, hurgando en la condición humana, con todas sus máscaras y fragilidades, con sus apetencias y parapetos. Con esa dicotomía entre lo más sublime –para el alma divertir- y los intestinos rescoldos de la materia instintiva de la cual estamos hechos.
Ares no necesita esta exposición de pinturas para demostrar que quedará para siempre en el catálogo de las artes plásticas cubanas. Desde la urgencia del humorismo gráfico en publicaciones periódicas, hace ya mucho tiempo que el mulato viene filosofando con alturas técnicas y estéticas sobre ese misterio de la existencia y la convivencia entre los mortales pensantes.
Y el humorismo gráfico, entendido por Ares como un arte mayor, y no como divertimento para el domingo y con pantuflas, le ha proporcionado el don de la elipsis y la hipérbole, de la síntesis.
¿Será que Ares, con estas sugerencias preciosas, está sicoanalizando a la humanidad? ¿O más bien se divierte haciéndonos reflexionar, el muy burlón? ¿Qué cosquilleos habrá en el cerebro descomunal de Ares?
José Alejandro Rodríguez
18 de junio de 2010

















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